Blanca Martín: Fiscalidad social

Extremadura tiene una cita con la historia. Cambiar esta tierra y conducirla hacia el progreso ha sido y es el gran objetivo de las mujeres y hombres que ostentamos representación pública.

El destino pareció volvernos a jugar una mala pasada en forma de pandemia primero y de guerra después. Si un gobierno y una región como la nuestra no hubiese estado preparada para sufrir dos seísmos sin parangón, hoy, los datos de empleo, por ejemplo, no serían tan esperanzadores.

Sentar las bases del crecimiento, entendiendo cuáles son nuestras fortalezas, nos permite creer en nosotras y en nosotros mismos, cada día de forma más convincente. El desprecio que algunos nos lanzaron desde el poder central les jugará en su contra porque ya estamos en posición de revertir, definitivamente, nuestra histórica dependencia de las decisiones que nos soltaban encima de nuestros hombros. Este tiempo ya ha terminado. Empieza, ya empezó, otro.

Dentro de este marco se ha puesto en el foco de todos los debates el tema fiscal. Los neoliberales autóctonos calcan el discurso de los neoliberales de la Escuela de Chicago. Su dogma de fe apunta a la desregulación salvaje de la económica, el comercio libre, la globalización total, la austeridad de los más débiles y los recortes en las inversiones del Estado. Lo que les sobre, de vez en cuando, para los pobres. Eso se llama derrama.

Extremadura tiene una cita con la historia. Cambiar esta tierra y conducirla hacia el progreso ha sido y es el gran objetivo de las mujeres y hombres que ostentamos representación pública.

Esto es, negro sobre blanco, pauperizar los servicios, debilitar el Estado como defensa de los derechos sociales y entregar toda la desregularización económica a la concentración de todo el edificio especulativo. Lo que se ha llamado, tozuda y simplemente, oligarquía, es lo que en realidad se debate cuando se apunta hacia un lado u otro de las cargas fiscales. ¿Todo para las minorías especulativas o más para las mayorías productivas del país?

De esta manera, no es lo mismo reducir cargas al 85 por ciento de la sociedad sin afectar la política de servicios, garantes de igualdad como ningún otro bastión público, que apostar por liberar al dos por ciento de la sociedad, a la minoría pudiente y poderosa de, por ejemplo, el impuesto de sucesiones.

En consecuencia, la fiscalidad social esbozada por el Presidente Vara, implica aligerar el peso que recae sobre las familias con menos ingresos. Nadie mejor que él para explicar la mayor bajada de tasas públicas que se haya hecho nunca en Extremadura: “canon del agua, comedores escolares, aulas matinales, ITV, pesca, caza… Se trata de aliviar la carga económica de la familias sin tocar los impuestos que afectan a los servicios esenciales. Lo más fácil es bajar impuestos, pero ser coherentes es mantener un país en el que hay que subir las pensiones, aumentar el gasto en la dependencia, introducir medicamentos de última generación y estabilizar los trabajadores.” Nuestro sueño es un sueño colectivo.

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