Fernando Ayala: Amilanar

Siempre se nos ha dicho que hay muchos motivos para evitar sentirse acobardado o amenazado. Que tenemos que luchar por ideales, por objetivos. Que somos fuertes si actuamos unidos.

Por esa razón, cuando surge cualquier tipo de inconveniente, tiramos de argumentario mental y nos refugiamos en aquellas largas sesiones donde nos preparábamos para vencer las dificultades.

Recordamos la satisfacción que nos daba superar, uno tras otro, los retos que se nos iban poniendo delante.

Sonreímos cuando, ahora que nos viene la tentación de ser pusilánimes ante la menor embestida, traemos al presente tantas veces que nos hemos caído, o las cosas que no salieron como preveíamos. Del mismo modo, nos llevamos a la actualidad las veces que nos hemos levantado y continuado el camino.

En unas ocasiones, los avances se han producido a gran velocidad. En otras, nos ha parecido que no nos movíamos del sitio.

Incluso, como comentábamos, ha habido momentos en los que en vez de continuar adelante, hemos retrocedido. Pero, a continuación, sopesada la incertidumbre, se produce la vuelta a la senda marcada.

Pues, esto es la vida que nos rodea. Un cúmulo de avatares donde se producen multitud de efectos, algunos de ellos contradictorios.

Lo importante, tanto en la vida pública como en la esfera privada, es estar preparado para no dejar amilanarse. Para no permitir que en nuestras personas y en las que nos rodean cunda el desánimo cuando no sale todo cómo nos gustaría o cuando se acumulan desaires del destino o de la mala planificación.

Construimos fortalezas a lo largo del tiempo, amparadas en la ayuda colectiva y formadas en el esfuerzo cotidiano que da el tener las cosas claras.

Cedemos, si somos inteligentes, al percatarnos que otros pueden mejorar nuestras trayectorias.

Reconocemos las equivocaciones y eso nos hace que lo que podamos poner en marcha tenga una mayor solidez.

Así pues, evitemos que lo que nos rodea nos contagie de pensamientos negativos y nos desvíe de la razón que nos mueve a permanecer activos.

La alegría mayor siempre se produce cuando es compartida. El hecho de formar parte de proyectos comunes que se enriquecen con aportaciones muy variadas y que,

incluso, te permiten admitir novedades no contempladas a priori, te hace llenar el depósito vital de enorme energía capaz de superar los trances.

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